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4321 (Paul Auster, 2017)



En las últimas páginas de su novela, Paul Auster explica lo que intentó hacer en las casi novecientas páginas anteriores. Con esto parece admitir que tal vez su experimento no haya sido efectivo.



No se puede negar que Paul Auster es habilidoso en hilar historias. En 4 3 2 1 hay un exceso de confianza en esto y Auster explota su habilidad para reunir en un solo volumen cuatro variaciones en la vida de un mismo personaje (Archie Ferguson) para decirnos que cualquier decisión puede cambiar el rumbo de una vida. Esta única idea sostiene las casi mil (¡mil!) páginas que dejan la sensación que la historia siempre está en las preliminares. Y esta sensación aparece porque Auster se impuso como corset un tono monocorde que impide a la(s) historia(s) desbordar en más páginas si se les permitiera tomar impulso. Siempre se está comenzando en 4 3 2 1 y si se avanza es porque Auster lo decide en lugar de los personajes. Es por esto que los protagonistas (tanto el principal, Archie Ferguson, como los secundarios) se caracterizan por la ausencia de entidad. Son marionetas que Auster maneja según le convenga y para ellos es lo mismo una historia íntima que la Gran Historia: las distintas enumeraciones de momentos importantes de la historia estadounidense pasan como música de fondo no tanto por estar como elementos decorativos sino porque los protagonistas no tienen la entidad para interactuar con esos momentos.


4 3 2 1 es un mamotreto soporífero, confuso por momentos, aburrido la mayoría de las veces, que uno continúa leyendo por el único interés de conocer el cierre del experimento. Podrían ser cinco tomos y no haría la diferencia. Eso sí: con menos páginas tal vez hubiera sido más digerible.


En definitiva, un meditado paso en falso de Paul Auster.




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