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The adventures of Tom Sawyer (Mark Twain, 1878)

 



A casi siglo y medio de su publicación, la novela de Mark Twain todavía mantiene el hálito de frescura pre-adolescente que fue y es inspiración para innumerables personajes como por ejemplo Bart Simpson. Quizá el secreto de esta vigencia sea que Tom Sawyer se la pasa imaginando: imagina ser pirata, bandolero, ahogado en el río, descubridor de un tesoro, sofisticado ladrón: y ese imaginario termina por contagiar el mundo adulto de la novela cuando una recompensa en metálico les garantice a Tom Sawyer y a Huckleberry Finn continuar con sus fantasías.







Mark Twain está decidido a impedirnos imaginar (paradoja)  a Tom o Huck adultos. En algunos párrafos algún personaje menciona que Tom Sawyer podría ser abogado o soldado cuando sea grande, pero dentro de la lógica de la novela, esta posibilidad llegaría en millones de años. Envejecer no es una opción en The Adventures of Tom Sawyer. Ni siquiera la Tía Polly o la viuda Douglas agregarán años a los que ya tienen. En ese pueblo de Mississippi no pasa el tiempo. La muerte sólo aparece de forma violenta (el asesinato que comete Joe El Indio; la misma y desesperante muerte de Joe), o por accidente (las referencias a ahogados o borrachos desnucados). Pero nadie muere por el paso del tiempo. 








Para esto, Mark Twain elige una evocación un tanto falsa. Narra los hechos con muy poca nostalgia y se ubica sin problemas dentro de la psicología pre-adolescente de sus protagonistas para tomárselos en serio. Muy rara vez deja que su voz de adulto se inmiscuya en el relato; una de las más llamativa (por la crítica bastante dura) es un párrafo donde se indigna con ciertas personas que van a llorarle a un gobernador pidiendo el indulto de un asesino. El párrafo es tan contundente que rompe la atmósfera juguetona de la novela y mete la realidad adulta con la desgracia que eso trae. Pero Twain no tarda en regresar a lo que realmente importa y sólo queda como un disruptivo econo.









Tal vez la magia que hace perdurable a esta novela de Mark Twain sea la de imaginarse otras vidas (algo que explorarían adultos como Juan Carlos Onetti). Otras vidas significan aventuras, otro mundos, suspensión del tiempo. En fin, no dejar de ser un niño.

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