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Sept ans de pénitence (Nicole Gérard, 1972)














Una mañana, Nicole Gérard, entra a un bar armada con una escopeta y asesina a tiros a su marido. Por ese hecho, será condenada a siete años de prisión. El libro entonces será una especie de autobiografía parcial donde la autora relata sus jornadas encerrada en dos cárceles de mujeres: la Roquette y Rennes. 













Durante casi la mitad del libro, la autora logra recrear el ambiente carcerlario centrándose específicamente en sus componentes humanos: las reclusas, por supuesto; pero también las guardianas. (Los directores de las cárceles son apenas burócratas que descargan sus frustraciones en sus subordinados): Con las guardianas tiene una mirada ambivalente: por un lado comprende que es un trabajo pero por el otro no logra entender que alguien quiera trabajar de eso. Prácticamente son todas iguales salvo excepciones que no pasa más allá de hacer la vista gorda en algunas situación o permitirle a la protagonista un poco de privacidad cuando su hijo la visita en la cárcel. 











Sin embargo, es con las reclusas donde la autora, el personaje y la novela tienen sus mayores aciertos pero también su mayor inconveniente. Las reclusas son retratadas con mucho respeto; incluso aquellas que cometieron crímenes terribles. Este decisión, ayuda en las primeras páginas a lograr una empatía no exenta de horror, pero sin creernos incapaces de cometer los delitos que se describen. El tono que elige Gerard es casi de judicial, levemente literario, pero para nada dramático. El problemas es que ese tono bloquea el progreso dramático cuando la reiteración de sucesos terribles estén desparramados por toda la novela y ya no impacten. A esto se le agrega las similitudes de los ambientes carcelarios (los cambios entra una cárcel y otra son pocos significativos más allá de la dureza en los castigos) donde ya no sorprenda tampoco lo que Gerard describe y lleve a la novela a un callejón sin salida donde comienza a resentirse en el interés y a los tropiezos (las últimas páginas rompen la cronología narrativa, la narración se hace entrecortada) llegamos a la liberación de la protagonista.




Así y todo, el conjunto no es desdeñable; y, a pesar de lo ya mencionado, resulta una novela interesante tanto en su temática como para comparar la mirada tenía de sí misma una mujer en los setenta con las de estos días.



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