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The Exorcist (William Peter Blatty, 1971)

 




Regan es una niña de trece años que lentamente va comportándose de manera demasiado extraña mientras sufre situaciones más extrañas aún como su cama moviéndose salvajemente por sí misma o el olor fétido en su habitación. Su madre, Chris MacNeil, una actriz que en esos momentos está filmando una película en Georgetown y para esto alquiló una casa donde vive junto con Regan, consulta con especialistas en psiquiatría que vacilan en dar con el diagnóstico hasta que alguien sugiere la posesión diabólica. En el medio, Kinderman, un policía cinéfilo, investiga la sospechosa muerte del director de la película que está filmando la madre de Regan, quien apareció muerto en las cercanías de la casa de Chris, con la cabeza dada vuelta por completo luego de visitar a la actriz. En tanto, el Padre Karras, un sacerdote con un profundo sentimiento de culpa tras la muerte de su madre, será el encargado de confirmar si lo de la niña es una posesión diabólica o no. Cuando decide que lo es, hay un sólo exorcista que puede llevar adelante el rito: el anciano Padre Merrin.




William Peter Blatty (1928-2017) realizó una mala copia de las novelas policiales atiborrando de quiebres e ideas inconexas cada párrafo para pretender imitar el fluir del pensamiento. Esta falta de organización, donde cualquier disgreción puede interrumpir la idea central para retomarla después, hacen que una información importante pueda estar a mitad de un párrafo, en medio de otra información irrelevante, o en renglones posteriores. Esto no es un recurso de Blatty (dramáticamente no aporta nada), sino un sacrificio de la corrección para generar una lectura rápida, lo cual no se logra por lo engorroso que es reconstruir un relato tan lleno de escollos.







Tampoco los personajes pasaron por una lectura más atenta. No dejar de ser fichas que se van moviendo por orden del autor, sin una autonomía como para sentir empatía por alguno de ellos. Ni siquiera el personaje de Regan deja lugar para lamentarnos por ella. 










Sin embargo, a pesar de ser un libro descartable, The Exorcist se convirtió en un clásico gracias a la adaptación cinematográfica de William Friedkin. Supongo que sin la adaptación, hoy nadie se acordaría de esta novela.

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