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A sus plantas rendido un león (Osvaldo Soriano, 1986)

 





Después de un terceto de novelas contundentes (Cuarteles de invierno (1980), la mejor de todas), Osvaldo Soriano cambia de registro con la historia de un cónsul argentino varado en un país africano imaginario, que cobra un sueldo que no le pertenece gracias a las maniobras de un embajador inglés y al que le salta el patriotismo cuando Argentina invade Malvinas.













En su cuarta novela, Osvaldo Soriano (1943-1997) intenta una novela que parodia el género de espionaje. Y falla. En A sus plantas rendido un león hay demasiada solemnidad en la narración (se la nota muy trabajada) y esa solemnidad hace que la historia se vuelva pesada y confusa, con muchos personajes que se van amontonando con un peso tan calculado en la historia que les quita relevancia y por lo tanto los aplasta en su propia preponderancia.



Pero el principal problema es que el ámbito de la parodia de Soriano ya fue explorado con mejores resultados por Graham Greene en The Honorary Consul (1973). Y en esa comparación, la novela de Soriano sale perdiendo justamente porque donde Greene condensa, Soriano dilata.



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