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Elena sabe (Claudia Piñeiro, 2007)




Elena, enferma de Parkinson, inicia un viaje desde la zona sur del Gran Buenos Aires a Belgrano en busca de la resolución de lo que ella considera el asesinato de su hija Rita y cuyo propietaria es Isabel, una mujer que conoció hace veinte años.













Con esta premisa, Claudia Piñeiro (1960) construye un relato apoyado en un pequeño misterio donde se van agregando piezas de un rompecabezas que se completará con el encuentro con Isabel. La narración es llevada sin demasiada distracciones, con un innecesario subrayado en algunos pasajes y con una precisa descripción de la enfermedad que carga Elena. Con estos detalles que describen lo cotidiano de convivir con el mal de Parkinson, Piñeiro logra que el lector sienta la imposibilidad de Elena con sus movimientos y de qué manera sale adelante gracias a las pastillas que toma. 





Sin embargo, lo que Piñeiro no puede resolver con satisfacción es la resolución del misterio. El suspenso que construyó hasta el momento del encuentro con Isabel, estalla en una perplejidad que ronda la decepción y que hace preguntar si todo el viaje que hace Elena era necesario para semejante cierre. Para colmo, Isabel es dueña de una historia que le sirve a Piñeiro para sostener la idea de la independencia en las elecciones que uno hace en la vida pero que dentro de la historia de Elena no cuaja y empeora la sensación de desinterés.

Una novela floja.



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