Ir al contenido principal

Utopía (Tomás Moro, 1516)





Utopía se divide en dos libros, el primero es el más interesante porque sirve para ubicar temporalmente a los personajes, además de darles peso dramático y entender sus puntos de vista. Y sobretodo porque el recurso literario para construir una imagen de Utopía es a partir de diálogos que son piezas de un rompecabezas que se arma en la cabeza del lector.



El problema viene con el segundo libro que es cuando se describe las virtudes de Utopía. En este caso las supuestas atracciones del país en cuanto a su comportamiento social, justicia y desarrollo humano, comienza a tornarse confuso cuando el narrador incluye cuestiones que lejos de plantear una diferencia entre Inglaterra (patria de Tomás Moro) y Utopía, termina por tener ecos similares en cuanto a la esclavitud y las organizaciones sociales basada en reinos.

Es decir, Tomás Moro (1478-1535) no puede despegarse del todo de los condicionamientos sociales y culturales que él mismo busca cuestionar en Utopía. Esta cuestión comienza a hacer ruido a medida que Moro ingresa en el terreno bélico. Es ahí donde encontramos que hay muy pocas diferencias entre Utopía e Inglaterra más allá de cuestiones de formas. Y uno se pregunta si Tomas Moro fue concierte o se percató de esto o se creyó su propio mito.


En todo modo, el resultado -que en el comienzo puede entusiasmar- termina por cerrar una pintura bastante conocida y sin salida posible.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Juegos malabares (Carlos Gardini, 1984)

  Volumen de veinte cuentos vertebrados por un  tenebroso parque de diversiones donde conviven distintos fenómenos que van narrando en diferentes relatos sus historias. El recurso que emplea Carlos Gardini (1948-2017) tiene su acierto en cuanto a la telaraña que encadena a cada personaje con el otro -y la manera que se miran entre ellos- como en la muy lograda atmósfera anómala que unifica los relatos. Estos recursos ven sus límites en algunos cuentos que fuerzan demasiado la lógica ( La mujer más pequeña del mundo, por ejemplo) que se intuyen como relatos pensados de manera independiente al mundo del parque de diversiones y que fue agregado tras algunos ajustes que se notan forzados.   Pero tal vez lo que resulte un tanto incómodo es el constante fechar de las historias donde se deja entrever la dictadura, los secuestros e incluso la tortura ( El espejismo de la perfección , Héroe de guerra) . Esta marca de agua termina por encorsetar al conjunto de cuentos que estuviero...

In Cold blood (Truman Capote, 1966)

  El asesinato de una familia en ocurrido en Holcomb, Kansas a manos de dos ladrones es la excusa para probar un nuevo recurso literario que luego se convertirá en género: la no ficción. Más allá de que el recurso y la fundación del género le pertenece a Rodolfo Walsh con su Operación Masacre  (1957), In Cold Blood es un estudio de personajes que lleva a un nivel superlativo de construcción de la novela que concluye con sutileza e impecable precisión en el párrafo que cierra la novela. Truman Capote (1924-1984) arma un rompecabezas donde a medida que acomoda las piezas va construyendo un cuadro (o un mapa, más exactamente) que nos hace sentir parte de Holcomb, pero al mismo tiempo nos pasea por paisajes, edificios gubernamentales y cárceles con descripciones que no frenan la narración y que se notan pulidas hasta dejarlas sin ningún tipo de impureza. Pero incluso In Cold Blood puede leerse como una novela filosófica donde el azar es el que decide el destino de todo...

The old man and the sea (Ernest Hemingway, 1952)

The Old man and the sea es mencionada como la novela que recupera a un Hemingway maduro y de calidad tras unos cuantos libros que no estaban al nivel de sus obras más celebradas. La historia se puede ver como una reversión del clásico Moby Dick (Hermann Melville, 1851) en clave novela corta donde se cuenta la historia de un pescador que insiste en romper su mala racha en la pesca intentando atrapar a un gran pez espada para llevarlo hasta las costas cubanas tanto para venderlo como para demostrar que aún mantiene intacta sus virtudes como pescador. Para esto, Ernest Hemingway (1899-1961) edulcora al personaje de Santiago, el viejo pescador, con un pátina casi imposible de bondad, sacrificio y reflexiones que no pasan de lo cotidiano con pasajes ridículos (el diálogo con el pájaro, por ejemplo). No alcanza para valorar el relato que uno dé por sentado que el personaje del pescador no sea otro que el propio Hemingway cargando con una vejez bastante achacosa que le termina por ge...

Para quien quiera, pueda o desee aportar