Utopía se divide en dos libros, el primero es el más interesante porque sirve para ubicar temporalmente a los personajes, además de darles peso dramático y entender sus puntos de vista. Y sobretodo porque el recurso literario para construir una imagen de Utopía es a partir de diálogos que son piezas de un rompecabezas que se arma en la cabeza del lector.
El
problema viene con el segundo libro que es cuando se describe las
virtudes de Utopía. En este caso las supuestas atracciones del país
en cuanto a su comportamiento social, justicia y desarrollo humano,
comienza a tornarse confuso cuando el narrador incluye cuestiones que
lejos de plantear una diferencia entre Inglaterra (patria de Tomás
Moro) y Utopía, termina por tener ecos similares en cuanto a la
esclavitud y las organizaciones sociales basada en reinos.
Es
decir, Tomás Moro (1478-1535) no puede despegarse del todo de los
condicionamientos sociales y culturales que él mismo busca
cuestionar en Utopía. Esta cuestión comienza a hacer ruido a medida
que Moro ingresa en el terreno bélico. Es ahí donde encontramos que
hay muy pocas diferencias entre Utopía e Inglaterra más allá de
cuestiones de formas. Y uno se pregunta si Tomas Moro fue concierte o
se percató de esto o se creyó su propio mito.
En todo modo, el resultado -que en el comienzo puede entusiasmar- termina por cerrar una pintura bastante conocida y sin salida posible.



Comentarios
Publicar un comentario