Dos relatos. En El
amor en los tiempos de los dinosaurios hay un personaje masculino que
pretende lograr en un mismo día dos objetivos: llegar a ser alguien
dentro de un partido político y poder tener sexo con una mujer más
joven que él y que su esposa.
En Sin Dios ni ley,
una mujer conservadora, de alta sociedad, está en contra de los movimientos feministas en lucha a favor de la despenalización
del aborto en caso de violación, termina por recurrir a un aborto
clandestino cuando su hija adolescente queda embarazada tras ser violada
Tal vez El amor en los tiempos de los dinosaurios sea el más esquemático y poco conflictivo de los relatos porque el personaje masculino está retratado como un perdedor desde
los primeros renglones tanto por desear a una joven aspirante
política como por su aspiraciones partidarias. Que esté casado y
que desprecie a su mujer por no tener el cuerpo de la joven no
agrega nada al cuento, salvo por un subrayado innecesario de un hombre más en conflicto con su propio presente que con el entorno.

Sin embargo, es en Sin Dios ni ley, donde Marcela Serrano (1951) fuerza las situaciones con un personaje femenino antifeminista a
quien el marido no le presta atención (dato que no tiene ningún
tipo de relevancia) como si esto justificara su ideología para llevar a que la hija del personaje principal sea violada para confrontarla con sus principios cuando podría
hacerse un aborto simplemente porque no desea tener un hijo, lo que
reforzaría la hipocresía y su mirada contra
el feminismo. Además, para este personaje femenino, Serrano le reserva una mirada compasiva, algo que no
ocurre con el personaje masculino de El amor en los tiempos de los dinosaurios.
En definitiva, dos relatos que
parecieran tener un corsé que les impide expandirse y confrontarse a
sí mismos.
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